Manuscrito

Pergaminos medievales revelan 1.000 años de historia animal

Durante siglos, los manuscritos medievales han sido objeto de estudio, no solo por su contenido literario o histórico, sino también por lo que pueden revelar sobre el pasado. Recientemente, un equipo de investigadores de tres universidades ha hecho un hallazgo sorprendente: los textos antiguos guardan un secreto oculto en forma de ADN de los animales cuyas pieles sirvieron como soporte para escribir. Este descubrimiento, publicado en la revista Manuscript Studies en 2026, promete reinventar nuestra comprensión de estos documentos.

¿Te has preguntado alguna vez qué más pueden contarnos los manuscritos más allá de sus palabras? La biocodicología, una nueva disciplina, busca precisamente eso: desentrañar la historia biológica detrás de los documentos. En este artículo, exploraremos cómo el ADN de los animales puede ofrecernos una visión única de la economía, la ganadería y la sociedad medieval.

El pergamino: un portal a la historia animal

Bruce Holsinger, en su obra «On Parchment», destaca la relación entre «archivo» y «arca», sugiriendo que los manuscritos son tanto depósitos de conocimiento como vestigios de vida animal. Actualmente, se estima que entre mil y tres mil millones de piezas de pergamino sobreviven en todo el mundo. Este material, mayoritariamente hecho de piel de oveja, cabra y ternera, conserva ADN mitocondrial que permite identificar la especie, rastrear su linaje y descubrir su origen geográfico.

Por ejemplo, si un manuscrito está hecho de pieles de animales emparentados, probablemente se produjo localmente, quizás en un monasterio. En contraste, si las pieles son de animales no relacionados, eso podría indicar un comercio más amplio, como el que existía en ciudades como Londres o París durante la Edad Media. Así, el ADN en los pergaminos revela no solo la historia de los textos, sino también la de la economía y la ganadería de su tiempo.

Dos métodos para explorar el pasado

El equipo investigador utilizó dos técnicas innovadoras, ambas no destructivas, para obtener muestras de ADN sin dañar los manuscritos. La primera técnica consiste en frotar la superficie del pergamino con una goma de PVC, lo que genera una carga electrostática capaz de recoger proteínas y células. La segunda es un cepillo de citología que acaricia suavemente la superficie.

La clave de este estudio radica en la secuenciación de nueva generación, una tecnología que permite trabajar con fragmentos de ADN pequeños y degradados, algo crucial en documentos tan antiguos. Posteriormente, el ADN aislado se procesa para crear una biblioteca de secuenciación, donde se selecciona únicamente el ADN mitocondrial de las especies animales. Finalmente, se validan los datos a través de varios criterios antes de ser aceptados como válidos.

La diversidad de especies en los manuscritos

El estudio abarcó 91 manuscritos que datan desde el siglo VIII hasta el XX, provenientes de diversas regiones, como Inglaterra, Francia, Alemania y Etiopía. De las 351 muestras analizadas, el 58% superó los criterios de autenticación.

En los manuscritos de Inglaterra, se encontró que el 80% de las pieles eran de oveja, lo que refleja la importancia de la ganadería ovina en la economía medieval británica. En cambio, los manuscritos de otras regiones mostraron una mayor diversidad: en el caso de los textos etíopes, el 76% provenía de piel de cabra, mientras que en Asia occidental, todas las pieles identificadas eran de ovejas.

Un futuro prometedor en la investigación

Identificar las especies de los pergaminos es solo el primer paso. Los investigadores están explorando técnicas más avanzadas, como la PCR digital, para determinar el sexo de los animales. Además, la secuenciación de ADN permitirá detectar bacterias, virus y otros microorganismos en el pergamino. Este avance podría ofrecer nuevas perspectivas sobre las epidemias medievales y la evolución de las razas ganaderas.

Así, aunque la biocodicología es un campo emergente, ya está comenzando a abrir puertas a un mundo de conocimiento inexplorado. La historia de los manuscritos no solo se cuenta a través de sus palabras, sino también a través de los seres vivos que una vez formaron parte de ellos.


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