La esencia de la Floristería Bambú se entrelaza con la vida de Olga Bugallo, quien ha dedicado su existencia a las flores. Desde que comenzó a trabajar en este sector a los 15 años, su pasión por el arte floral nunca ha flaqueado. Después de un breve desvío en su carrera, gestionando una mercería, Olga decidió regresar a su verdadera vocación hace ocho años, abriendo su negocio en Pontevedra. ¿Te imaginas enfrentarte a obstáculos económicos y, aun así, seguir adelante? Así es la historia de Olga, que, junto a Sandra y Loli, demuestra que la dedicación no tiene límites.
A pesar de las dificultades, como el aumento de gastos y la presión de mantener precios competitivos, su amor por las flores la impulsa a seguir. Con casi medio siglo de experiencia a sus espaldas, ha aprendido a adaptarse a un mercado en constante cambio, pero su compromiso con los clientes permanece intacto.
Un recorrido profesional impresionante
Olga Bugallo comenzó su andar en el mundo de las flores a los 15 años y, tras 25 años al frente de Floristería Olga, se tomó un descanso de seis años para explorar otros horizontes. Fue entonces cuando regresó al sector de la mano de su cuñado y, hace ocho años, inauguró Floristería Bambú. Este nuevo proyecto le permitió volver a conectar con su pasión y atraer a una clientela fiel en un nuevo lugar. “Es una historia larga”, comenta con una sonrisa.
Su negocio ha sabido adaptarse a las transformaciones del mercado. A pesar de que las bodas religiosas han disminuido y los presupuestos se han ajustado, Olga asegura que sigue vendiendo lo mismo, aunque con márgenes reducidos. Los ramos silvestres primaverales son un éxito, pero la rosa sigue siendo un clásico indispensable en su oferta.
La rutina de una florista apasionada
El día a día de Olga es un torbellino. Incluso los domingos, suele estar trabajando por la mañana, y en días festivos como San Benito, su dedicación no cesa. “Me gusta atender a la gente, y nadie me obliga; es una forma de generar ingresos adicionales”, dice. Aunque añora los tiempos en que el negocio le permitía ahorrar, bromea: “Llevo 15 años aquí y todavía no sé lo que es ahorrar”.
El contacto personal con los clientes es una de las características que definen a Bambú. Olga prefiere atender en persona en lugar de gestionar pedidos por WhatsApp. “Detesto los presupuestos por mensaje; quiero ver lo que se puede hacer y compartir ideas”, aclara. Esta filosofía implica un compromiso firme: nunca decir que no a un cliente, incluso si eso significa trabajar en horarios poco convencionales. “Ganar un cliente cuesta, y perderlo se hace en un instante”, sentencia.
Compromiso inquebrantable con el cliente
En Floristería Bambú, la prioridad es satisfacer las necesidades del cliente. “Intento cumplir, aunque sea con un ramo y un jarrón de flores de 20 euros”, afirma Olga. Este compromiso diario la acompaña junto a Sandra y Loli. A veces, se pregunta si sería más sencillo trabajar sola y cerrar cuando fuese necesario, pero prefiere mantener las puertas abiertas para no dejar pasar oportunidades.
A sus 62 años, Olga tiene una visión equilibrada y optimista sobre el futuro. “He considerado dejarlo todo en ocasiones, pero imaginarme lejos de este trabajo me resulta difícil”. Se autodenomina “adicta a mi trabajo”, disfrutando cada momento de crear o entregar un ramo. “Por los tres años que me quedan, no tiene sentido marchar. Quizás un día cambie de opinión, pero por ahora, seguiré adelante”, concluye con una sonrisa.
La historia de la Floristería Bambú no solo es un relato sobre flores, sino también sobre una mujer que ha superado adversidades económicas y personales con la misma pasión que la impulsó desde el principio. Su dedicación al trato cercano, la flexibilidad y el amor por su oficio han sido la clave para mantener una clientela leal en un entorno cada vez más competitivo. Aunque el futuro es incierto, Olga sigue luchando por lo que ama, un verdadero testimonio de perseverancia.
