El ADN de 142 esqueletos desmonta un mito sobre las costumbres funerarias de los primeros cristianos escandinavos de la era vikinga

ADN de 142 esqueletos revela secretos de las costumbres funerarias vikingas

Imagina descubrir una tumba medieval y ver a una mujer abrazando a un niño. ¿Qué pensarías de esta imagen? ¿Podría ser el último descanso de una madre y su pequeño? Durante mucho tiempo, esta interpretación fue la más común entre arqueólogos e historiadores. Sin embargo, un nuevo estudio está desafiando esas creencias. La investigación de un equipo de la Universidad de Estocolmo ha revelado que las relaciones entre los individuos enterrados juntos en Suecia durante la Edad Media eran diferentes de lo que se pensaba. ¿Te gustaría saber más sobre los sorprendentes hallazgos de este estudio? Acompáñame a descubrir cómo el ADN antiguo está reescribiendo la historia de nuestras creencias sobre la familia y la comunidad en el pasado.

El ADN como clave para desentrañar secretos

Identificar el sexo de un esqueleto adulto es relativamente sencillo, gracias a la forma de la pelvis y el cráneo. Pero, ¿qué sucede con los niños? Antes de llegar a la pubertad, sus esqueletos no presentan diferencias evidentes entre los géneros. Por ello, los arqueólogos han recurrido a los objetos encontrados en las tumbas, como joyas o armas, para determinar su género.

No obstante, en las sepulturas cristianas, el ajuar funerario es escaso, ya que la costumbre era enterrar a los fieles únicamente con su mortaja. Esto ha llevado a que numerosos niños no tengan una identificación de género clara en los registros arqueológicos.

Gracias a la genómica, los investigadores han encontrado una solución. Al analizar el ADN extraído de dientes y huesos, pueden determinar el sexo biológico de los esqueletos infantiles. Además, también pueden establecer el grado de parentesco entre las personas enterradas juntas. El estudio, publicado en Science Advances, revela que los adultos y los niños que compartían sepultura rara vez eran parientes directos.

Un estudio revelador: tres cementerios y 142 individuos

El equipo de Maja Krzewińska se enfocó en tres sitios arqueológicos en Suecia: Fjälkinge, Sigtuna y Västerhus. En total, analizaron 68 niños y 74 adultos en 27 tumbas individuales y 50 colectivas. Para reconstruir los vínculos familiares, combinaron varios programas informáticos y un análisis de segmentos de ADN heredados.

Los hallazgos fueron sorprendentes. Solo el 12% de las tumbas en Västerhus contenían parientes de primer grado. En Sigtuna, la cifra se mantenía similar, alcanzando apenas el 12,5%. Esto indica que la mayoría de los individuos enterrados juntos no compartían lazos de sangre.

Sepulturas organizadas por género

Si el parentesco no explicaba las sepulturas, entonces, ¿qué las definía? Al cruzar la información de sexo y edad, los investigadores encontraron un patrón claro. La combinación más común era un adulto enterrado junto a un niño de su mismo sexo: hombres con niños y mujeres con niñas.

Una simulación estadística con 100,000 repeticiones demostró que esta tendencia no era casual. La probabilidad de que ocurriera por azar era inferior al 0,02%. Así, parece que la sociedad cristiana escandinava agrupaba a los muertos más por género que por parentesco familiar.

Este hallazgo se conecta con la ley de Eidsivathing del siglo XI, que dictaba el lugar de enterramiento según el género. Los niños, según el análisis genético, también seguían esta norma desde una edad temprana.

Las excepciones a la regla

Sin embargo, no todas las tumbas se ajustaron a este patrón. En Västerhus, se encontraron cuatro niñas enterradas en el lado sur, el área tradicionalmente reservada para hombres. La mayoría de ellas estaba acompañada por varones adultos. Los investigadores sugieren que algunas de estas niñas podrían no haberse bautizado antes de morir, lo que las excluyó de la sección «correcta» del cementerio. A pesar de ello, se les otorgó una sepultura digna.

Una redefinición del concepto de familia

Este estudio ha revelado un sistema social en los cementerios medievales suecos que difiere del concepto de parentesco que conocemos hoy en día. Fratrías, sirvientes, ahijados y miembros adoptivos podían ser enterrados juntos sin compartir lazos de sangre. Esto sugiere que las comunidades estaban organizadas en torno a la casa, y no solo a la familia nuclear.

Los hallazgos invitan a reconsiderar cómo interpretamos el pasado a partir de las tumbas compartidas en Europa medieval. La cercanía física de los esqueletos, que durante siglos se ha interpretado como un indicio de parentesco, puede ocultar en realidad vínculos más complejos: comunitarios, religiosos o identitarios.


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