Investigadores españoles descubren cuáles fueron las prácticas de subsistencia que emplearon los neandertales peninsulares para sobrevivir

Prácticas de Subsistencia Neandertales en la Península Ibérica

La historia de la humanidad está llena de misterios y descubrimientos fascinantes. Uno de los más intrigantes es el modo de vida de los neandertales, aquellos seres que habitaron nuestro planeta mucho antes de que nosotros llegáramos. En particular, el yacimiento de Arrillor, ubicado en el monte Gorbea en Álava, se ha convertido en una ventana única para entender cómo estos grupos se adaptaron a su entorno. ¿Te has preguntado alguna vez cómo lograron sobrevivir en un mundo tan cambiante? Este artículo te llevará a través de las estrategias de subsistencia de los neandertales en este yacimiento, explorando su relación con el medio ambiente, la fauna que cazaban y su ingenio en el uso de recursos.

Un entorno privilegiado: el ecosistema de Arrillor

Arrillor se encuentra en una zona cuya geografía permite que los neandertales accedieran fácilmente a diversos ecosistemas que favorecían la caza. En comparación con otros lugares de la Cordillera Cantábrica, su topografía más llana facilitó la interacción con tres tipos de hábitats: bosques, praderas y áreas rocosas. Esta diversidad ofrecía una amplia gama de presas, lo que explica la variedad de restos encontrados.

Entre los hallazgos, se han documentado esqueletos de ciervos, bóvidos y una notable presencia de caprinos. Además, los restos de otras especies como caballos y rinocerontes indican que estos grupos eran astutos cazadores que sabían adaptarse a las condiciones cambiantes de su entorno. La capacidad para alternar entre diferentes estrategias de caza según la estación del año refleja su ingenio y flexibilidad.

El ciervo rojo, un recurso vital

En el contexto de la caza, el ciervo rojo (Cervus elaphus) se erige como la especie más importante para la subsistencia de los neandertales. Su abundancia en el yacimiento resalta la preferencia por esta presa, ya que ofrecía carne de calidad y era fácilmente accesible durante ciertas épocas del año. La formación de manadas y su comportamiento predecible durante el celo hacían que la caza de ciervos fuera particularmente exitosa.

Los hallazgos indican que los neandertales llevaban a la cueva carcasas enteras, lo cual sugiere que Arrillor no solo era un lugar de caza, sino también un centro de procesamiento de alimentos. Las marcas de corte en los huesos revelan que estos grupos se dedicaban a despiece y preparación de la carne de manera metódica, lo que subraya su capacidad para gestionar los recursos disponibles de forma efectiva.

Caza en praderas: uros y un enfoque oportunista

Los restos encontrados en Arrillor también indican que los neandertales cazaban en áreas abiertas, donde capturaban uros (Bos primigenius) y, ocasionalmente, caballos y rinocerontes. La presencia de cráneos sugiere un comportamiento poco convencional. Se cree que podían haber llevado solo las cabezas, buscando el rico contenido nutritivo del cerebro, o que se dedicaban al carroñeo, aprovechando animales que ya estaban muertos.

Esta combinación de caza activa y recolección de recursos en momentos de escasez muestra que los neandertales eran muy adaptables. La estrategia de alternar entre estas prácticas les permitía maximizar su éxito en la obtención de alimentos.

Caza en terrenos montañosos: una estrategia compleja

El hallazgo de cabras montesas y rebecos en Arrillor indica que los neandertales también exploraron zonas rocosas, aunque con menor frecuencia que en bosques y praderas. La caza en montaña se llevaba a cabo principalmente en otoño e invierno, cuando los grupos de hembras se reunían. Esto muestra que comprendían los comportamientos estacionales de las especies que cazaban.

Los restos encontrados revelan que los neandertales cazaban cerca del yacimiento o realizaban esfuerzos significativos para transportar las presas, lo que demuestra su dedicación y capacidad de planificación.

Procesamiento de recursos: el uso del fuego y el aprovechamiento integral

Las marcas de corte en los huesos evidencian un patrón de procesamiento muy riguroso. Se practicaban técnicas como el despiece, fileteado y raspado para maximizar la utilización de cada parte del animal. Además, el uso del fuego era vital no solo para cocinar, sino también para calentar y generar luz en la cueva.

La fractura de huesos largos indica que los neandertales buscaban extraer médula, un recurso energético crucial durante los meses más fríos. Así, Arrillor funcionaba como un taller donde se elaboraban herramientas y se procesaban los alimentos de manera sistemática.

Ocupaciones intermitentes y convivencia con carnívoros

Aunque los neandertales fueron los principales responsables de la acumulación de restos óseos, la cueva también fue utilizada por otros animales como osos y leopardos. Sin embargo, su presencia es mínima y se concentra en niveles con escasa actividad humana. Esto sugiere que los neandertales ocupaban Arrillor de manera intermitente, alternando fases de intensa actividad con períodos de abandono.

Adaptación a cambios climáticos: una estrategia sostenible

La secuencia estratigráfica de Arrillor, que se remonta hace más de 50,000 años, pone de manifiesto que los neandertales desarrollaron estrategias de subsistencia adaptables. Durante las épocas frías, la caza se centraba en especies de pradera, mientras que en las fases templadas se intensificaba la captura de ciervos y caprinos. A pesar de las fluctuaciones climáticas, la diversidad de especies cazadas se mantuvo, lo que sugiere que el área era un mosaico ecológico propicio para la supervivencia.

Los neandertales de Arrillor demostraron ser cazadores expertos, capaces de ajustar sus tácticas a un entorno en constante evolución. Su historia es un testimonio de la resiliencia y la adaptabilidad de una especie que, a pesar de los desafíos, logró dejar una huella perdurable en la historia de la humanidad.


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